Lo que a menudo desconocemos del Calzado de Montaña.

¿Qué buscamos y que obtenemos?

Comprar calzado de montaña es una de las razones más habituales para visitar tiendas especializadas o husmear online ¿pero sabemos realmente cómo evitar sorpresas y qué desconocemos?

¿Qué buscamos y qué obtenemos?

Como consumidores de material deportivo solemos errar más que al comprar artículos para la vida diaria (alimentos o ropa de vestir) porque no tenemos tanta experiencia y no acostumbramos a buscar asesoramiento cualificado. Muchos puntos de venta on line simplemente emplean el traductor de Google para explicar la mercancía que venden y a menudo reseñan sólo una parte de sus características, eso trasladado a la compra de calzado puede ser rotundamente nefasto.

Si buscamos el precio más bajo posible en zapatillas o botas de bajo coste obtendremos un producto poco duradero, escasamente impermeable y a menudo lo que resulta bastante más peligroso: con suela demasiado deslizante cuando el suelo está mojado.

Si sólo deseamos adquirir el modelo más ligero posible (pongamos que unas botas de 800 gramos/par o 600 gramos/par si son zapatillas), la mayoría de las veces nos encontraremos con una entresuela demasiado blanda, lo que puede lesionar nuestro pie en caminatas de más de 2 horas o cuando llevamos mochilas superiores a los 10 kilogramos.

Si buscando un producto impermeable (que no estanco) nos fijamos en modelos con membranas desconocidas –a menudo de poliuretano en vez de teflón como la del Gore-Tex o de poliéster como la del Sympatex/Dryline– muy posiblemente acabaremos mojados en cuanto nos llueva más de una hora o si el calzado tiene más de un año de uso continuado.

Cuatro precauciones que funcionan

Realmente sólo tu pie sabe cuánto de cómodo te sientes o qué grado de sujeción/estabilidad te ofrece el producto que te estás probando, pero no está de más hacer también caso a las siguientes recomendaciones:

  • Saca la plantilla y pisa en ella con el calcetín puesto. El pie no debe sobresalir ni dejar una distancia superior a dos centímetros desde tu dedo “gordo» a la puntera de la plantilla. De lo contrario rozará en las bajadas o cuando el pie se hinche por el calor o los kilómetros recorridos.
  • Pide permiso al vendedor para pasearte varias vueltas con el calzado por el interior del establecimiento. Concéntrate en la sensación de comodidad durante el paso, flexión (al subir y bajar algún peldaño de escalera), subida/impulso y descenso/retención. Ojo al borde posterior del collarín o caña.
  • Las suelas muy rígidas son inadecuadas para senderismo y las semiblandas peligrosas para la nieve de media/alta montaña, pues no podrás dar puntapiés en una pendiente o sujetar unos crampones de forma fiable.
  • Comprar a ciegas en una tienda electrónica, sin conocer qué número o medio número te viene realmente bien es un error, pero dedicarse a probarlo en una tienda física para luego encargarlo en internet es una falta de respeto hacia el establecimiento, por mucho que nos escudemos en que es una práctica común hoy en día.

Pequeña guía bajo mi punto de vista para elegir tu calzado de Montaña.

No existe un tipo de calzado que satisfaga los gustos y necesidades de todos los practicantes, aunque sí puede deducirse de los siguientes tipos qué nos convendrá más en función de nuestro perfil personal:

Bota: por la altura de su caña (de 12 a 15 centímetros) y su robustez superior a la zapatilla, puede considerarse la opción más universal para personas de experiencia media o baja en montaña, que deseen caminar con un único par de calzado en travesías largas. Ofrecen una buena sujeción del tobillo y mayor protección frente a la entrada de piedrecillas, lluvia o nieve. Sus inconvenientes lógicamente proceden de su propia naturaleza: son más pesadas (entre un 25% uy un 40% más que una zapatilla) y en general más calurosas (algo agobiantes si puntualmente se supera los 30ºC).

Bota “baja»: caña de 9 a 10 centímetros, protege la parte inferior del tobillo y permite mayor movilidad que una bota convencional. Menos calurosa, unos 200-300 gramos más ligera de media, puede constituir una solución excelente para personas muy habituadas a caminar por la montaña, pero a las que no termine de convencer la zapatilla.

Zapatillas: caña de 4 a 5 centímetros. Tobillo sin protección y por lo tanto ofrecen máxima movilidad y frescor. Inadecuadas para inexpertos, son el calzado preferido de muchos guías que conducen grupos entre 1.000 y 2.500 metros durante el verano. A evitar con pies poco entrenados, niños o adultos de más de 65 años. Pesan de media de 400 a 500 gramos menos que las botas y si son muy ligeras (por ejemplo 800 gramos/par) pueden servir de calzado cómodo complementario a unas botas, para los tramos del recorrido menos accidentados.

¿Qué recomiendan los expertos?

Si echamos un vistazo en internet utilizando el buscador de Google veremos gran cantidad de información sobre qué calzado es el más adecuado para una larga travesía alpina, pirenaica o piquista (Picos de Europa). La información varía desde la proporcionada por las empresas que ofertan el Tour del Mont Blanc o del Cervino a la proporcionada por patrocinados que han testado algún modelo concreto. En estos últimos casos los comentarios suelen resultar demasiado amables hacia el fabricante y no muy objetivos, estando excesivamente orientados o condicionados a convencer rápido al lector y ganar así a un cliente. Desconfía de cualquier prueba de material que no incluya varios inconvenientes de un producto o que tenga una puntuación muy alta en todos los campos: comodidad, estabilidad, transpirabilidad, ligereza, longevidad…

Aquí os dejo 2 opiniones extraídas de un articulo de la Revista Oxigeno a unos guías.

José Eladio Sánchez, guía de alta montaña de la empresa ONAS, nos aclara: “Unas botas ligeras de trekking suele ser el calzado más recomendable para este tipo de actividades. Los caminos son buenos y en los raros puntos que se alcanzan 2.500 o 2.700 metro con nieve, los guías estamos informados y realizamos un desvío alternativo». Lidia Herrero, una guía madrileña también con acreditación internacional, matiza cuando la preguntamos: “Para mí lo más importante es que sea un calzado semirrígido, ni demasiado duro, ni demasiado blando ¡y llevar muchos Compeed!» y nos confiesa “Yo suelo preferir en mis pies las zapatillas, pero ésa no es una recomendación general para todos». Otro montañero con mucha experiencia y además editor de libros sobre recorridos en montaña, es el asturiano Alberto Boza. Incide en que “Podemos encontrar en España desniveles mucho más importantes que en un trekking en el Himalaya. A alguien no muy habituado, los 9.000 metros de desnivel acumulado para atravesar los tres macizos de Picos de Europa le puede suponer un esfuerzo considerable de 8 o 9 días; no hay que tomárselo a la ligera».

Parámetros a sopesar

Por poco que nos detengamos a pensarlo, ese nuevo calzado que queremos adquirir, no sólo lo utilizaremos para nuestra gran travesía de este verano, sino que convendría que también pudiéramos aprovecharlo la mayor parte del año, lo que de alguna manera obliga a descartar modelos excesivamente ventilados/frescos o robustos/calurosos. ¿Qué podemos exigirle?

Comodidad. Es una cualidad que debe primar sobre la estética (cada vez más sobrevalorada y tentadora en los modelos actuales). Para ello la horma debe ser similar a la forma y dimensiones de nuestro pie (vigila puntera y ancho), los acolchados interiores sin costuras abrasivos, el collarín o perímetro superior de la caña blando y que flexione de forma natural al caminar.

Suela de calidad. Mejor caucho natural 100 por cien (huye del poliuretano), con taqueado autodrenante de al menos 5 milímetros de profundidad y buen agarre (ojo al taqueado de colores pues algunos se muestran muy deslizantes en terreno mojado).

Palmilla semirrígida. Entre la suela y la plantilla extraíble se sitúa la palmilla que debe proporcionar rigidez transversal y flexibilidad longitudinal a la bota. Estos termoplásticos celulosas prensadas coadyuvan a aislar/proteger el pie de caminante de las piedras puntiagudas del camino. Un conjunto de suela palmilla demasiado blando puede provocar lesiones a partir del tercer o cuarto día de marcha continuada.

Ligereza. El mayor fallo de la mayoría de las personas que realizan una travesía es llevar calzado demasiado pesado. Pregunta el peso al vendedor y recuerda que en catálogos o venta on line se suele proporcionar sólo el peso de medio par. Entre varios modelos que te convenzan por igual, elige el más ligero, porque aunque posiblemente resulte menos longevo te hará la “pateada» más llevadera.

Impermeabilidad. Una membrana de alta calidad, tipo Gore-Tex o Dry Line/Sympatex mantendrá tu tiempo seco cuando llueve. Opciones de precio más bajo en poliuretano ofrecen menor resistencia a la penetración del agua e inferior transpirabilidad.

Estabilidad. Por desgracia sólo podemos valorarla cuando ya estamos usando el calzado y no es fácil detectarla en el punto de venta. Tacones sobre elevados, suelas demasiado rígidas y planas o cramponables y taqueado blando perjudican nuestra estabilidad caminando y pueden hacernos tropezar inesperadamente cuando caminamos fatigados o de noche.

Te gustará saber que…

… la plantilla interior debe ser extraíble y de buena calidad (espesor superior a 3 milímetros y en espuma de alta densidad tipo Ortholite o incluso gel de silicona). Conviene vigilar también los ganchos superiores, que no puedan engancharse con bota opuesta mientras caminas cansado ¡se han dado accidentes graves en España incluso con montañeros expertos! Una bandeleta perimetral de caucho y un exoesqueleto -armazón ultraligero de plástico situado en el corte exterior- proporcionan mayor longevidad general y estabilidad puntual al calzado ¡pero también pueden despegarse prematuramente! Recuerda que el calzado que más te gusta puede no estar hecho para ti, porque la horma no se adapta bien a tu pie o que ningún número de ese modelo te quede bien, esté pasado de precio o resulte demasiado blando o demasiado duro.

El calzado de corte sintético pesa hasta un tercio menos que el de piel, pero a menudo resulta menos duradero. Personalmente la longevidad no me parece un requerimiento imprescindible frente a otros tan críticos como la ligereza o la rapidez de secado, pero es una de las primeras decisiones que tendremos que tomar: ¿piel natural o material sintético?

Valorar la posibilidad de llevar a estas actividades tan largas dos pares diferentes de calzado no es un disparate. A poco que contengas el peso de lo que llevas en la mochila (incluido cuánto pesa ésta en vacío) podrás añadir los 800 o 900 gramos de un par cómodo de zapatillas que complementen tus botas. Si uno de los dos pares se te moja o rompe/despega, podrás completar sin sufrimiento tu actividad.

Nuestro estilo comprando

Si necesitas ahorrar, busca calzado de calidad en oferta, pero no modelos de bajo coste, pues incluyen materiales poco adherentes y a menudo suelas peligrosamente resbaladizas cuando llueve. Localiza tiendas físicas con vendedores capaces de asesorarte eficientemente y no les haga el feo de que te saquen varios pares de prueba, para luego comprarlo on line a la competencia; este comportamiento tan poco respetuoso está creciendo a pasos agigantados en nuestro país. Y por supuesto: prefiere en lo posible calzado manufacturado en Europa por su superior sostenibilidad ambiental y laboral, aunque la mayoría esté fabricado en China o Vietnam.

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